El valor de la Humanidad

Seamos honestos, ¡ser humilde es lo de hoy!

Por: Alejandra Quirós

Todos queremos ser felices pero la gran mayoría no tenemos ni idea de cómo lograrlo. Solemos contarnos mentiras a mismos, en vez de cuestionar nuestro sistema de creencias e iniciar un proceso de cambio personal, la gran mayoría estamos convencidos de que nuestra forma de ver la vida es la forma de ver la vida. Y que quienes ven las cosas diferentes que nosotros están equivocados, nos quedamos anclados en el victimismo, la indignación, la impotencia o la resignación.

En realidad el autoengaño habla de una falta de honestidad, a menos que admitamos que tenemos un problema, y que nuestra vida está hecha un lío nos será imposible solucionarlo.

La honestidad, que en un inicio puede resultar muy dolorosa, a mediano o largo plazo es muy liberadora. Nos permite afrontar la verdad acerca de quiénes somos y de cómo nos relacionamos con nuestro mundo interior. Así es como iniciamos el camino que nos conduce hacia nuestro bienestar emocional.

En la medida que la honestidad se va integrando en nuestro ser, sentimos frecuentes episodios de alivio por no tener que fingir ser quien no somos porque vamos abrazando nuestros dos lados, el oscuro y el brillante. Como quieres ser aceptado por el resto si ni tu mismo te aceptas como eres?

A pesar del sufrimiento y del conflicto que vamos cosechando, en ocasiones nos cuesta mucho considerar que estamos equivocados. Solemos utilizar una serie de mecanismos de defensa para mantenernos en nuestra zona de confort. Entre estos destaca la arrogancia de creer que no tenemos nada que cuestionarnos, ni mucho menos algo que aprender. Así es como evitamos remover el sistema de creencias con el que hemos fabricado nuestro falso concepto de identidad.

Y lo mismo hacemos con la soberbia, que nos lleva a sentirnos superiores cada vez que nos comparamos con alguien, poniendo de manifiesto nuestro complejo de inferioridad.

Eso sí, el gran generador de conflictos con otras personas se llama orgullo, nos incapacita para reconocer y enmendar nuestros propios errores y pone de manifiesto una carencia de humildad.

La humildad está relacionada con la aceptación de nuestros defectos, debilidades y limitaciones. Nos predispone a cuestionar aquello que hasta ahora habíamos dado por cierto.

En la medida que cultivamos la modestia, nos es cada vez más fácil aprender de las equivocaciones que cometemos, comprendiendo que los errores son necesarios para seguir creciendo y evolucionando. De pronto ya no sentimos la necesidad de discutir, imponer nuestra opinión o tener la razón. Ser sencillo es el resultado de conocer nuestra verdadera esencia, más allá de nuestro ego. No tienes absolutamente nada que demostrarle a nadie!

El orgullo es un albañil especializado en la construcción de murallas que cuanto más nos protegen, más a la defensiva nos hacen vivir”-Irene Orce